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jueves, octubre 20, 2011

Libro de Resiliencia en Librerías TXT

Desde el lunes próximo se podrá encontrar en la cadena de librerías TXT el libro "Resiliencia: levantarse mil veces y seguir luchando"... a disposición de todos.

miércoles, octubre 19, 2011

Entrevista sobre Resiliencia en CNN

Interesante experiencia esta de ser entrevistado. Creo que sirvió para que el concepto quede más claro. Vea la entrevista completa aquí.

martes, octubre 18, 2011

Cómo llegué a la Resiliencia

Llegué a la resiliencia como llega la mayoría de nosotros: cayendo, perdiendo, fracasando. La primera lección me la dieron mis padres, que me dejaron equivocarme cuantas veces fuera necesario para encontrar mi camino, sin nunca imponerme el suyo. Me dejaron construir mis sueños, me dejaron enamorarme, me dejaron meterme en el lodo, elegir mis amistades y desilusionarme. No como observadores no participantes: opinantes, pero nunca intervinientes, y apoyando mis decisiones.

El tiempo siempre va demostrando el valor de las decisiones, que se miden sobre el cumplimiento de los sueños.

Más adelante, vino el recuperarme de las pérdidas. No me refiero a las pérdidas de trabajos o fracaso en proyectos, que son diarias y también forman parte del aprendizaje. Me refiero a las pérdidas de las personas que se ama. Experimentar la muerte es la forma más dura de la pérdida. Es un recordatorio doble: por una parte, de que aquello que amas se puede ir irremediablemente de tu lado en cualquier momento, aunque haya sido en lo que más apoyabas tu vida. Y por otra parte, un recordatorio de mi propia finitud, de que yo mismo puedo terminar mi existencia en cualquier momento, aquí y ahora, o más tarde, al salir de este recinto.

Al tomar conciencia real de esa experiencia de pérdida, de otros y de uno mismo, sólo en ese momento, con conciencia real, no teórica, es cuando te enfrentas a la pregunta: “Qué hago ahora”. Todo aquello por lo que fui o lo que quiero ser, se va o puede irse. Qué me puede impulsar a seguir respirando día tras día tras día en esa condición inestable, de pánico constante ante la pérdida, de incertidumbre, de caminar en un pantano.

Esa es la aproximación que trato de hacer en el libro… advierto altiro que no es un acercamiento sicológico, no soy sicólogo. Es la constatación de aquello que vi en mí y he visto en otros que han sido capaces de seguir respirando, batallando, trabajando, amando, a pesar de cosas terribles, y de otras no tan terribles, pero que en suma nos tienden a aplastar el alma.

En resumen, se trata de creer en un camino, una forma de hacer las cosas que esté determinado por algo más allá de mi mismo. Seré capaz de resistir más o de levantarme más en cuanto la medida de todas las cosas deje de ser yo mismo. El narciso nunca será resiliente.

Se trata de tener una voz interior que me levante, que me movilice físicamente aunque mis fuerzas se hayan agotado. Es como la voz del couch, la que nos dice que estamos vivos y que tenemos la obligación de seguir, aunque el dolor nos invada, aunque la pena nos quite el aliento. Estamos VIVOS.

¿Se dan cuenta que ese mismo hecho es un milagro en sí mismo? Dado que podemos dejar de estarlo en cualquier momento (como nos lo recordó de manera trágica el accidente en Juan Fernández), tomando en cuenta la dificultad incluso para la creación de la vida orgánica en el universo… nuestra propia existencia es milagrosa. Sobrevivimos a las vacunas, a las enfermedades, a cruzar la calle, a la nutrición defectuosa de la sociedad moderna… y aquí estamos. VIVOS. Este milagro nos debería impulsar a la acción, a movilizarnos físicamente sin perder un segundo de la existencia preciosa y universalmente rara que se nos ha dado.

Se trata, en definitiva, de creer que las cosas pasan por algo y tener la sabiduría de entenderlo en el momento preciso o incluso de construir ese algo. Steve Jobs lo decía con una metáfora de la conexión de los puntos. Decía que había cosas que había hecho en su juventud, cosas que parecían locas o sin sentido, cosas que aprendió pero que no parecían ser lógicas o útiles y que le sirvieron años después para cada proyecto en el que se fue metiendo.

Esa visión del universo como una concatenación de factores que tienen una lógica es la fe. Entender que estamos insertos en esa lógica es un primer paso. El segundo es saber distinguir en el momento justo los eslabones de la cadena que, mirados hacia atrás, nos pueden servir en el presente o en el futuro. Que las cosas pasen por algo, o sea, que no exista el azar, no es –irónicamente- azaroso: depende de nosotros.

La resiliencia se trata, finalmente, de dedicar ese camino, esa movilización física y ese sentido de vida a personas (generalmente) de carne y hueso a quienes se ama. El quijote, al buscar dedicarse a una Dulcinea, va en ese sentido. Las cosas se hacen pensando en un alguien. La vida se vive pensando en un alguien que son los destinatarios finales de todos los esfuerzos, de todas las conquistas, de todas las batallas ganadas o perdidas…

El libro habla de ese camino, personal, pero tiene la ambición oculta de ayudar el camino de otras personas.

(Discurso en relanzamiento del libro en la UPV, 12 de octubre)

miércoles, abril 13, 2011

El sentido de la vida es de a dos

La vida no tiene sentido si no es de a dos. Bajo ese paradigma había forjado toda mi existencia. De alguna manera, lo sigo creyendo y cada paso que doy sosteniendo la vida propia, la de mis hijos y la de quienes uno tiene a cargo en distintas circunstancias, cuando lo doy solo, es más penoso.
No es una cuestión bíblica, aunque a veces me siento como describe el Génesis a Adán, que se sentía solo en el Edén. Y es que puedes estar en un paraíso, pero si no hay con quien compartirlo, se hace difícil encontrar un significado. Me dicen con frecuencia que el significado está claro y son mis tres hijos, pero no entienden la sutil diferencia entre tener a alguien a tu cargo (que es una responsabilidad, por más que se le ame) y hacerse cargo CON alguien.
Es lo que uno busca con una relación. Es como explicaba el hombre de La Mancha (me refiero al musical, más que a la novela), cuando explicaba la idea de una Dulcinea: es alguien a quien le dedicas tus batallas. Es alguien con quien puedes compartir las alegrías, caminar juntos, sin la carga de ordenarle la vida.
Para eso, por cierto, se ama. No para encontrar una satisfacción personal, no como un bastón. Más bien como estar apoyado espalda con espalda para no caer.
Si ante eso me dicen que soy incapaz de estar solo, digo "si". Porque la felicidad ha de implicar encontrar a ese ser
que articula nuestros pilares de resiliencia, y amar a ese ser porque su compañía da sentido a la vida, dirección, proyección, esperanza. En definitiva, permite construir un horizonte de entrega y amor, ya que si se construye sólo lleva frecuentemente a objetivos de vida ego-ístas y hasta narcisos, y estoy convencido que no hay narcisos felices (puede que satisfechos, pero no felices).
Yo amo, no por llenar la soledad, sino porque me da sentido y dirección. O puede ser al revés. Porque al tener sentido, logro llenar la soledad.

jueves, enero 27, 2011

Adiós a la memoria

Me llamó la corredora de propiedades avisándome que tenía una "buena noticia". Se le escuchaba exultante. "Una pareja hizo una oferta por tu casa y ofrece lo que estás pidiendo", me dijo. Agregó que estaban dispuestos a firmar una promesa de compra esta semana, mientras mis trámites avanzan para mudarme a otro lado.
Al colgar el teléfono, en vez de sentirme feliz, me invadió un extraño sentimiento de tristeza. De pronto, recordé que fueron casi siete años en esa casa, que ese lugar dio forma a lo que iba a ser un proyecto para toda la vida, que ahí dejé mis esfuerzos y mis esperanzas por una vida junto a ella. Y, a su vez, ese lugar era su castillo particular, y le había impregnado su sello, sus colores, la infinita manía con que ordenaba los miles de adornos, artilugios y abalorios por todos los rincones. Ahí quedaban sus luchas contra las hormigas y su sempiterna dedicación al jardín, al que mantenía personalmente a pesar de los destrozos del perro.
Ese lugar era un "nosotros" que ya no existe. Yo ya no miré más el jardín, ni siquiera lo riego. Mis ojos no se posan en los múltples cofrecitos que habitan los muebles y ya no recuerdo lo que había en los cajones.
Sé que al mudarme tendré que recordarlo y encontrar documentos y escarbar en lo que fuimos, en ese nosotros que siento tan lejano, pero que sigue ahí.
Lo que viene ahora es un "mis niños y yo", en un lugar distinto. Hay que aprender a construir sobre la base de lo anterior. Mirar ese nuevo lugar y sentirlo propio, sin extrañar. Ser felices con lo que somos hoy y lo que podemos ser mañana, y dejar atrás lo que nos hizo felices antes. Mirar un nuevo rincón y alegrarnos porque ahora es nuestra oportunidad de impregnarlo de nuestras manías.
Dejaré un espacio en ese nuevo hogar para una nueva memoria. Estoy ansioso de llegar a él.

lunes, enero 24, 2011

¿Volver a amar?

Hablando desde el cerebro, tenía la duda, después de la pérdida, de si iba a ser capaz de volver a amar. Y no me refiero a simplemente querer estar con otra mujer, a sentir deseo o ganas de no estar solo. No. Me refiero a algo más profundo: a querer compartir (te) con alguien, desde lo más profundo del espíritu.
Tendía a pensar que era imposible, porque el amor inicialmente se puede definir sobre la base del miedo a perder: amo, porque no puedo vivir sin esa persona que me hace feliz. Amo, porque no puedo concebir la existencia sin esa pareja que se ha convertido en mi pilar vital. Visto así, después de una pérdida fuerte (como quedar viudo) y de haber constatado que pude seguir viviendo, me parecía imposible volver a amar. Quizá, a volver a sentir ese miedo.
En definitiva, después de experimentar la pérdida y el insoportable dolor de la ausencia, sentía que ninguna relación podría llegar al nivel de temer con angustia ubérrima que la pareja dejara de estar a mi lado.
Con el tiempo, sin embargo, siento que he vuelto a amar. Y empiezo a sentir esa sensación de nuevo, la del miedo a perder. Claro, con matices, porque ya he sentido el dolor antes y puedo prever (inteligir, más bien) lo que implicaría en caso de volver a perder y a enfrentarme a la soledad otra vez. Puedo sentir celos, puedo ahogarme ante su ausencia y querer correr a sus brazos. Todo.
Es extraño y a la vez maravilloso que la vida dé nuevas oportunidades, si uno está abierto a recibirlas.

Una arenga resiliente

Me permito citar un excelente artículo de Jaime Bayly en Nación.cl, un gran escritor y una persona que ha sabido levantarse después de fuertes golpes que le ha dado la vida.
http://bit.ly/gPHynb

miércoles, enero 19, 2011

Duelo versus depresión

Estar en el suelo después de un fracaso o una pérdida es un período que, para el que lo sufre, puede ser eterno. Son momentos de desesperanza profunda, por mucho que se tengan sólidos pilares de resiliencia que lo ayuden (o lo obliguen) a uno a permanecer de pie. La sensación en ese estado es lo más cercano a lo que sicólogos y siquiatras denominan "depresión", y con frecuencia, ante la falta de hombros amigos, orejas comprensivas y en general cualquier clase de contención emocional, el ser humano promedio va a acudir a ese tipo de profesionales intracraneales para diagnosticar y tratar la sensación de pérdida, ante lo que se perdió (un ser amado o admirado, un proyecto, lo que sea).
El diagnóstico generalmente pasa por un interrogatorio donde se verifican los síntomas básicos, a saber, falta de apetito, de ganas de hacer cualquier cosa. En definitiva, de vivir (aunque sea momentáneamente). Y entonces viene una receta de antidepresivos que esconderán los síntomas, o una larga serie de sesiones para descubrir las causas del desgano vital, las más recónditas, dependiendo del enfoque sicológico que se aplique.
No quiero desacreditar las técnicas de los profesionales de la mente, que harto que estudian y tengo el más profundo respeto por varios de ellos. Pero es importante que el "paciente" que sufre la pérdida se dé cuenta de que no siempre el estar en el suelo es una condición patológica. Cuando se ha sufrido una pérdida importante, a mi juicio, los síntomas seudo depresivos son la normalidad. No puede haber nada más "normal" que una persona que sufre esté triste, no quiera comer y, por un período que dependerá de su forma de vida, deje de trabajar y no tenga ganas de vivir, al menos como lo hacía con anterioridad.
Lo anormal sería no tener esos síntomas.
Esa condición después de una pérdida, de un fracaso o de una caída significativa son equivalentes a un duelo y el duelo hay que vivirlo, sufrirlo, llorarlo, rabiarlo, enfrentarlo, acometerlo, hasta que el dolor llega a formar parte de uno (porque no se va) y se aprende de él.

sábado, enero 15, 2011

Un ángel llamado Gabriela

Después de morir mi mujer, la relación con mi hija se ha transformado. En realidad, el que se ha transformado soy yo, pero por añadidura la metamorfosis se ha extendido a mi entorno, y particularmente a la forma en que convivo con mi hija.
Gabriela, la mayor de los tres, entrando en su adolescencia, ha sido, desde que todo comenzó, un ángel. Ha dado un paso hacia ser mujer inesperado y maravilloso, con madurez y apoyándome en todas las circunstancias.
Aunque descuidó un poco el colegio, su presencia ha sido fundamental, y a aprendido a amar a sus hermanos, a cuidarlos. Ha aprendido el valor del compromiso, consigo misma y con su entorno, especialmente sus amigas.
Hoy debí dejarla en el bus que la llevaría a su primer paseo scout. Estará por primera vez dos semanas lejos de mí. Es mucho tiempo. Su cara reflejaba cierta preocupación, pero más por dejarme que por que ella extrañara demasiado. Más porque sabe lo mucho que la necesito que por su propia necesidad de un padre-madre aprensivo. Yo no podía despegareme de su cuello, y la llené de besos, con insistencia majadera, como acumulando los que no me daría en los siguientes días. Increíblemente, me dijo "pórtate bien", como si fuera ella la encargada de cuidarme.
El nudo en la garganta crecía y se apretaba, conforme ella acomodaba sus cosas en el bus y yo la divisaba desde fuera. Cuando partía la máquina, ella movía su manito acompasadamente, en un adiós doloroso.

miércoles, septiembre 29, 2010

Bitácora del viudo 2

Vivo. "Respiro por todos mis pulmones", dice uno de mis versos (en Manifiesto de Fuerza). No me senté en la acera a esperar que el destino me diga lo que debo hacer. Lo he ido construyendo yo mismo, aceptando los retos, aprovechando las oportunidades. Porque entendí que lavida es demasiado corta como para perder el tiempo. No quiero gastar un segundo en lamentos, pese al dolor.
Despierto temprano respirando fuerte, disfruto a mis hijos, me alegra ver un rayo de sol, una sonrisa amable y recibir un "te quiero" sincero. Vivo. Al caminar piso fuerte sintiendo el suelo que me sostiene, abrazo a mis amigos, agradezco. Saboreo, comparto, escucho. Y a pesar de las cosas amargas que siguen pasando, no dejo de pensar en la belleza que me rodea, en los besos de mis hijos que adoro.
A siete meses de un terremoto vital, estoy de pie. No porque tenga la obligación, sino porque así lo decidí, porque asumí que el paso por este mundo sólo puede tener sentido en la medida que se trabaja por ser feliz.

lunes, agosto 02, 2010

Bitácora del viudo

A cinco meses desde que todo cambió, la vida ha corrido rápido. Como si el mundo hubiera girado a la velocidad de la luz y yo me hubiera quedado fuera. Para todos, ha sido un instante. Para mí, una eternidad. Ha sido como tratar de nadar con los brazos amarrados. Te hundes. Al rato es posible que encuentres un tronco del que agarrarte con el cuello y con los dientes. Y flotas de nuevo, sigues con tu nuevo apoyo la corriente por un rato, mientras consigues mantenerte afirmado. Pero te sueltas, porque el agua está muy fría o porque te jala con fuerza. Y te vuelves a hundir.
No tiene que ver con vivir depresivo. Uno tiende a funcionar en el día a día. Las colaciones, cocinar, trabajar, pagar las cuentas. abrazar, besar y preocuparse por los tres hijos, cada uno con sus propias preocupaciones y duelos. Sonreír, vivir. No tiene que ver con ser depresivo ni vivir aislado, ni de dejar de sostener con amor el mundo que uno se ha echado encima.
Tampoco tiene que ver con echar de menos a la mujer que amé. No es como antes. No es su ausencia en sí misma, ni los recuerdos, que siempre están presentes. En parte es la soledad, la falta de esa compañía con quien compartir lo que pasa en tu vida. También en parte es el aprendizaje de los últimos 19 años y de los errores cometidos, que pudieron hacer infeliz mi vida y su vida.
Entender eso ahora no me llena de culpas. Fui lo que fui y no puedo cambiar aquello.Me compele no repetirlo la próxima vez que haya una compañera. No será como ella... será distinta. Tendrá sus propias pasiones, sus gustos.
Lección 1 para aprender a amar: dejar ser. Amar a alguien es apreciarla con todo lo que es, no a pesar de ello.Amar no es querer a alguien porque me hace sentir bien, sino porque entiendo que su sola presencia hace el mundo más bello y le da sentido.Por muchas necesidades que uno tenga, amar es entrega total por la felicidad de la pareja, aunque no se tenga certeza de que vaya a ser tuya. Aunque su calidad de compañera sea efímera. Aunque su naturaleza sea partir. Aunque su llegada sea eterna, interminable. Quiero amar así. La segunda oportunidad que me dé la vida no la desperdiciaré, porque lo que queda es poco y quiero ser feliz. Y no puede haber verdadera felicidad sin hacer feliz a la mujer que se ama.
Han pasado cinco meses y entiendo eso. Quiero eso.

martes, marzo 30, 2010

Infinitas gracias

Este mes de marzo ha sido literalmente bipolar. Hemos vivido una tragedia, profunda, una bomba atómica, que dejará una huella familiar imborrable. Y en mí, eterna y dolorosa. Pero, al mismo tiempo, he sido testigo del nacimiento de una nueva vida, Benjamín, que se aferró a este mundo con sus garritas diminutas y respiró y comió... y ahora está en casa, con nosotros.
También he asistido al crecimiento espiritual de mis hijos Gabriela y Samuel, que están en pie, y viviendo la vida a pesar del dolor. Los amo tanto.
Y he sido testigo del cariño de mucha gente, hacia Doris, hacia nos niños e inesperadamente hacia mí. Agradeceré siempre lo que han hecho y siguen haciendo por mí y mis pequeños. A los que dieron sangre, a los que han juntado ropita sin siquiera pedírselos, a los que me han avergonzado -positivamente- con ayuda económica. Lo que han hecho, junto a lo que ha ocurrido este mes de marzo, ha cambiado completamente mi visión del mundo.
Gracias a todos, infinitas gracias

martes, marzo 16, 2010

Se fue mi mujer

Se fue. Mi mujer, mi Doris. Fue de pronto y sin haber previsto la posibilidad. Sólo vivíamos y planeábamos. Dibujábamos el futuro a medida que pasaban los días. Queriamos viajar, queríamos ver a los niños crecer. Queríamos criar juntos a este nuevo retoño.
Se fue y es injusto. Es injusto por ella, porque le quedaba una vida por vivir, porque tenía sueños grandes y porque se había postergado a sí misma mucho tiempo para empezar a cumplirlos. Es injusto porque era la mujer más buena sobre la tierra, la mejor madre y la mejor compañera de vida.
Es injusto porque nos deja solos, porque habrá dos niños que la recordarán y la necesitarán, y un tercero que nunca la habrá conocido.
La puedo homenajear, pero no quería eso, la quería conmigo. Puedo seguir su ejemplo, pero no quería eso, la quería conmigo. Nadie, nunca, será como ella, y cada minuto sin ella, cada vez que respiro y no está es un dolor insoportable, un azote ubérrimo y sanguinario.
No es justo, no es correcto, no puede ser natural. No hay un sentido ni una razón. No puede haber una lógica en algo tan contrario al deber ser.
Es cierto: de no ser por mis hijos, mis tres hijos, no estaría en pie. Pero el mundo ahora tiene un vacío, un enorme vacío. El amor a mis hijos es lo que me permite seguir respirando a pesar de ese espacio y de una inconmensurable soledad.
Es injusto y me rebelo a la providencia culpable de su partida. Al Gran Arquitecto le falló el plano, la omniciencia y la sabiduría. Hizo oídos sordos. Nos miró y no quiso tender su mano superpoderosa. Nos miró y decidió ser cruel.
Se fue mi Doris. Mi Dorita. La variable que daba sentido al universo, al movimiento de los astros, a levantarse diariamente. No está. Y la extraño.

lunes, octubre 05, 2009

Esas pequeñas cosas...

Acabo de darme cuenta de que aparezco citado (uno de mis versos, del segundo libro de poesía) en el fotolog de una adolescente que no tiene por dónde conocerme. Me puse a pensar cómo es que mi libro habrá llegado a sus manos y no se me ocurre.
También me acordé que otro verso ya está en una lápida, según me contó una conocida cuya abuela se emocionó con mi poesía. Y se me ocurrió que sin darme cuenta he dejado una huella. Es una sensación satisfactoria, de suave orgullo. Uno empieza a formar parte de la historia de otros y es en ese proceso que renace y se redime. Será para otro libro.

viernes, junio 06, 2008

Resiliencia:Levantarse mil veces y seguir luchando

Finalmente, he terminado mi libro "Resiliencia: Levantarse Mil Veces y Seguir Luchando". Está pensado para quienes tienen la intención de aprender a superar las adversidades, mantenerse enteros cuando están en medio de una crisis o levantarse después de un fracaso.
El libro será editado como e-book y será puesto a la venta en pocas semanas.
Junto a él, diseñé un curso taller para el desarrollo de la habilidad de resiliencia y la información para incribirse está en http://www.eticasur.cl/.

lunes, febrero 04, 2008

Un regalo para el abuelo...
Hablando de dignidad y de superación, es un temazo el de llegar a anciano. Si se llega, hay que ver cómo se es desplazado, apartado, menoscabado. En un escenario que lo aplasta -no lo dejan subir a la micro, no le dan el asiento, no lo dejan salir porque se puede caer o perder, le dan una jubilación miserable, no tiene trabajo, no se puede dar un gusto-, el anciano suele sentirse discriminado o perdiendo el sentido de la vida.
Para ello, les recomiendo un taller de Ecoterapia que está dando mi empresa, Ética Sur. Regálenselo a su abuelo (a)... es barato y quienes lo han hecho lo han pasado fantástico y han hecho amigos. El taller incluso salió hoy en El Mercurio...

martes, abril 10, 2007

Superación: ahora a escribir
El tráfago de los días a uno lo va consumiendo. En la tarea diaria del sustento, de la subsistencia, uno se va perdiendo. En el camino, te planteas objetivos e intentas seguir una ruta, pero la vida te va golpeando.
Siempre me llamó la atención la historia de Job, profeta que, en lo que llamo un juego de vanidades entre el cielo y el infierno, fue despojado paso a paso de todo aquello que le importaba en la vida: su familia, el amor, su salud... Y sin embargo, siguió viviendo y sirviendo a lo que se forjó como su propósito de existencia.
Hay, a nuestro alrededor, múltiples ejemplos de ello, y al menos uno de ellos lo he dado a conocer desde este blog. Ejemplos de personas que sacan fuerzas para continuar su camino no sabemos de dónde. Incluso en lo cotidiano, nuestra tendencia mecánica a impulsar nuestro cuerpo hacia arriba todas las mañanas, contra cualquier cansancio, contra los abusos, y mantenernos en la lucha de la sobrevivencia tiene algo de eso.
Me he propuesto escribir un libro acerca de esto, y quiero pedirles su ayuda con casos y experiencias de personas que son capaces de levantarse después de caer o de mantener la frente en alto cuando están de cara a una crisis.

martes, marzo 20, 2007

Por un crimen que no cometí
El fin de semana casi tuve mi día de furia. Fui a sacar el permiso de circulación y me apareció una multa del año ¡2005!, incluso anterior a que comprara el vehículo, supuestamente por mal estacionado.
La dichosa multa no apareció en el certificado de multas que acompañó quien me vendió el vehículo, en diciembre de 2005; no apareció cuando saqué el permiso de circulación en marzo de 2006; no apareció en el informe de multas que saqué en noviembre de 2006, cuando estuve a punto de vender el auto; y viene a aparecer ahora, casi dos años después.
La respuesta de la funcionaria municipal es que el Juzgado de Policía Local me lo iba a cobrar igual, aunque el rut asociado a la patente fuera distinto del mío, porque "así lo establecía el sistema". Me banqué $35.000 por una falta que no cometí, y no puedo hacer nada.
Me siento vejado... qué puedo decir. ¿Cómo se levanta uno de los atropellos y los abusos de los cuales nadie parece ser culpable? Después hablaré de eso...

viernes, diciembre 29, 2006

Historia de Superación
Antes de terminar el año 2006, quisiera presentarles una historia de superación que encontré en el blog de Erika Contreras. A veces, los golpes de la vida de los que nos habla Vallejo nos dejan en el camino con una sensación de que no tenemos nada más que hacer... y nos derrotamos.
En estos meses he aprendido que uno no se puede permitir eso, no sólo por la familia, sino también porque es un principio deontológico el defender la dignidad. Podemos hacerlo. Gracias Erika por tus palabras y por tu ejemplo.

jueves, mayo 18, 2006

Un nuevo comienzo: de empleado a independiente
Estas últimas tres semanas han sido especiales. Me he visto enfrentado al miedo de muchos: quedar sin pega. Después de haber ganado una consultoría que parecía jugosa hace algunos meses, de un momento a otro se me informa que mi contrato sería "rescindido", una manera elegante de decir que se está despedido.
Las causas no vienen al caso, salvo comentar que se trató de "desaveniencias metodológicas" (lindo eufemismo para no echarle la culpa a nadie, aunque todos los que conocen el caso saben de quién es).
Lo interesante del cuento es mi reacción. Hace seis meses me habría angustiado ante la urgencia de buscar un nuevo trabajo. Pero la lectura de un sujeto que se llama Robert Kiyosaki me ha abierto la mente con puras cuestiones que, siendo de sentido común, nunca me había atrevido a hacerlas.
Se trata de perder el miedo, de manejar el riesgo y de descubrir que el camino del empleado no es el único que existe.
A veces la vida te da empujones para atreverse a hacer cosas que, en circunstancias normales, uno no se atrevería a hacer, acostumbrado a la comodidad de un sueldito y aguantando las malas caras y las humillaciones. No, he tomado la decisión de dejar de ser un cuadrúpedo, y comenzar a ser un bípedo. Es mi propia evolución humana. Ya les iré contando de mi paso de empleado a independiente.